B
ienvenidos a Darkness Revival.Estais a punto de adentraros en Londres, año 1890, una época tan peligrosa como atrayente. La alta sociedad se mueve entre bailes oficiales, bodas, cabarets y fumaderos de opio. Las prostitutas y mendigos se ganan como pueden la vida, engañando, robando o estafando. Pero hay algo mucho mas oscuro en las calles de la ciudad del Támesis, más oscuro aún que el terrible Jack. Seres sobrenaturales como brujas, vampiros, metamorfos y malditos se esconden entre los miembros de la sociedad, temerosos de la sangrienta hermandad que les persigue: la Black Dagger Brotherhood. ¿Sobrevivirás? .


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Warm on the coldest of nights || Alice

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Rol Privado Warm on the coldest of nights || Alice

Mensaje por Gabriel H Brontë el Lun Ago 04, 2014 11:43 am

Había sido un largo y duro día de jornada laboral para el empresario. Comercios Brontë, que era como se llamaba la empresa familiar de importaciones y exportaciones, había sido un hervidero de actividad; no había dejado de entrar y salir clientela con palés de objetos para enviar a las colonias, así como las decenas de envíos que habían llegado durante aquél día habían tenido que ser descargados de los navíos y almacenados correctamente. Lo cierto era que la cola a la puerta de la oficina en que se despachaba a la clientela, situada en uno de los portales interiores de un edificio del puerto, había llegado incluso a doblar la esquina.


Algo debía ocurrir aquél día, puesto que el flujo de clientes había sido mucho mayor a lo habitual. Quizá un nuevo lote de tela hubiera llegado a Londres, o quizá la gente empezase a realizar sus envíos antes de la subida de precios que amenazaba la ciudad por tercera vez consecutiva en los dos últimos meses. Sea como fuere hacía tiempo que no tenía tanta clientela, y por ello precisamente aquella tarde, el local permanecía aún abierto, aunque acostumbrase a cerrar a mediodía. No se podía echar a perder una buena ocasión de negocio, Gabriel lo sabía de buena mano. El sudor de hoy, era el pan del mañana.


La caja registradora, aún permanecía abierta sobre el mostrador tras el que se hallaba el elegante empresario, un hombre de figura grácil, esbelta, y fibrosa que rondaba el metro ochenta de altura más o menos; de cabello castaño, ojos azules, brillantes y vivaces como el propio fuego. Y es que hacer caja, era una de las cosas que más lo relajaban. Contar las monedas, separarlas en diferentes torres en función de su valor y hacer inventario de las entradas y salidas de objetos; lo ayudaban a desviar su atención, aunque eran tareas que consumían mucho tiempo…


Era ya bien entrada la tarde, cuando por fin, Gabriel detuvo su actividad como experto contable, y recogió dispuesto a irse a casa. Echó un rápido vistazo al ahora apagado local, y no pudo sino reprimir una sonrisa llena de satisfacción ante la visión del deslumbrante establecimiento. Poco a poco había ido reconstruyendo todo aquello que su padre había destruido; aunque no era fácil de llevar la cuenta de todo el esfuerzo que ello había acarreado. ¿Cómo medir lo que para uno era de valor incalculable, y para otros, en cambio, no más que una mera bagatela?


Inconscientemente, y en medio de sus divagaciones, se descubrió a sí mismo saliendo por el umbral de la puerta, echando el cerrojo con la diestra a su paso, y extrayendo la llave de hierro una vez hubo concluido. Avanzó, sumido en la penumbra, apenas unos diez metros, cuando detectó en la oscuridad, una silueta que parecía ir en su dirección; una mujer que conocía demasiado bien. —¿Qué hace una dama como vos a altas horas de la tarde paseando por estas frías y peligrosas calles? —preguntó mientras esperaba quieto a que la otra se acercase. —¿Es que acaso no ha oído hablar de la oleada de asesinatos que asola la ciudad? —preguntó mientras se ajustaba el traje y la corbata.

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Rol Privado Re: Warm on the coldest of nights || Alice

Mensaje por Invitado el Lun Ago 04, 2014 2:21 pm

Aquel día le iba a contar a Gabriel lo ocurrido con Miles, no consideraba justo que su hermano fuera ajeno a lo ocurrido, jamás le había escondido nada excepto sus habilidades. En ese caso poseía cierta razón, era para prevenirlo. Mientras menos supiera de sus habilidades sobrenaturales menos llamaría la atención a la Hermandad. Pero esto debía saberlo antes de que los rumores, que ya se oían por obra de la señora Rochester  y sus amigas  que habían insinuado a Miss Gossip la más célebre chismosa del país,  llegaran hasta el oído de Gabriel.  En el fondo se preguntaba cómo se lo tomaría, Miles era amigo suyo desde la infancia, no era su intención de romper esa larga amistad que aún perduraba en el tiempo.

Se quedó en su habitación enfrascada en los apuntes, menos de un año, tendría ya carrera de filología inglesa. Podría comenzar a sacar viejos manuscritos de otros tiempos y empezar a escribir como una Brontë más o ser una institutriz, y ayudar a Gabriel con el dinero. No la importaba trabajar duramente si al final servía de beneficio para la economía de la familia. Viendo a través de la ventana como el sol se oculta entre los edificios en un cielo bergamota con fugaces tonos añiles. Permaneció sentada en el alfeizar de la ventana mientras contemplaba la calma del atardecer, y su tristeza se disolvía.

Su hermano debería estar en la empresa Brontë, aquella que el padre de ambos llevo a la bancarrota, pero tras la vuelta de Gabriel, logró que tornara como el ave fénix. Resurgiendo de sus cenizas, como una de las mejores empresas de comercio con las Indias y Asia. Solía ir a verle al puerto trabajar, compartir tiempo, juntos aunque fuera un simple saludo. Otras veces la invitaba a pasar, pese a los rumores de que era un fantasma y traía malos presagios. Gabriel le hacía entrega de un libro como pequeño presente exclusivo para ella que, sabía que lograría una sonrisa de sus labios de la joven. Al final no pudo retrasar la cena y lo hizo sola, aunque carecía de apetito alguno, apenas probaba bocado en un estado melancólico. Con unas sutiles ojeras bajo sus ojos por la falta de sueño.

Ataviada para el paseo por la noche, se aventuró por las calles de Londres, observando como el silencio se creaba tras ella. Le permitía pensar en lo ocurrido, y como se lo explicaría a su hermano. Miles, ¿Por qué tenía ese dolor? ¿Por qué sus ojos albergaban tanto dolor? ¿Por qué tuvo que hacerlo, más cuando ella le pidió tiempo para pensar? Siempre había sido un muchacho cortes, no intuía que padecer le había cambiado tanto para costar reconocerle. Era en parte su culpa y no iba a evitarla, la asumiría. Fuera cual fuera su castigo, era la única responsable de lo acontecido.

Cuando sus pies habían llegado al puerto se encontró con una figura familiar, cerca del negocio, como siempre absorto por el trabajo. Suspiró y escuchó su voz para tranquilizar a su conciencia,  le provocó una tenue sonrisa, hacia días que no reía y creían siglos desde entonces. – Vengo a recordar a mi hermano donde se encuentra nuestra casa, temo que el trabajo lo absorbió de nuevo. Y tengo que rescatarlo. – bromeó acercándose a él. – claro que lo sé, pero no es suficiente razón para mantenerme enclaustrada en casa. – dio un brinco hasta alcanzarle, y encontrarse con esos ojos azules que ella reconocía desde niña, cuidaban de ella. – Además así tenemos tiempo para hablar, de vuelta a casa. ¿No Gabriel? – le paso la mano por el brazo, para acompañarle esbozando la mejor de sus sonrisas, opacada por sus reflexiones.

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