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ienvenidos a Darkness Revival.Estais a punto de adentraros en Londres, año 1890, una época tan peligrosa como atrayente. La alta sociedad se mueve entre bailes oficiales, bodas, cabarets y fumaderos de opio. Las prostitutas y mendigos se ganan como pueden la vida, engañando, robando o estafando. Pero hay algo mucho mas oscuro en las calles de la ciudad del Támesis, más oscuro aún que el terrible Jack. Seres sobrenaturales como brujas, vampiros, metamorfos y malditos se esconden entre los miembros de la sociedad, temerosos de la sangrienta hermandad que les persigue: la Black Dagger Brotherhood. ¿Sobrevivirás? .


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Una mañana horrible [Puerta de la Plata]

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Rol Privado Una mañana horrible [Puerta de la Plata]

Mensaje por Mia Marlowe el Lun Oct 05, 2015 8:15 am

En el fondo era culpa suya y lo sabía. Sólo a ella se le ocurría ir a buscar trabajo el día siguiente de luna llena cuando aún no se le habían pasado del todo los efectos de la noche anterior. Era como una resaca pero a todos los niveles, una resaca física y psicológica. Y claro, como era de esperar le había pasado factura. Si ya tenía mal genio en un día normal, aquel había llegado a límites insospechados.

Había ido a tres librerías distintas en las que buscaban un empleado que se encargara de las tareas más aburridas como catalogar los libros y estar presente cuando se hicieran las entregas. Era una gran lectora desde que Ahren y su hijo le habían enseñado a leer y tenía buena memoria pero eso a los dueños les había dado igual. Hasta se había arreglado para no parecer una desarrapada pero nada. Era mujer y por lo tanto sólo podía pedir trabajo de fregona, de lavandera o, a lo sumo, de costurera. El de la primera librería por lo menos había tenido la decencia de decirle que no, el segundo se había echado a reír y el tercero le había dicho que si lo que necesitaba era dinero estaba dispuesto a ofrecérselo a cambio de otro tipo de servicio. Ese había sido el que había colmado el vaso. En contra de lo que habría sido inteligente le había soltado un bofetón que seguro le dejaría marca durante tres semanas... como mínimo.

El camino de vuelta a Kensington lo había hecho echa una furia, hasta unas gitanas vendiendo romero se habían alejado de ella al verle la cara. Entró en la casa de los Von Kleist dando un portazo y subió a cambiarse aún mascullando entre dientes. Para cuando salió estaba algo más calmada pero aún no se le había pasado el sofocón así que fue hacia el salón. En el salón siempre había gente y lo que necesitaba en ese momento era contacto y conversación que le hicieran olvidar su horrible mañana. Con un poco de suerte estaría el hijo de Ahren y podrían jugar al ajedrez.
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Rol Privado Re: Una mañana horrible [Puerta de la Plata]

Mensaje por Amund Ovesen el Lun Oct 05, 2015 10:50 am

Había amanecido en el sofá del salón y se hubiese quedado ahí dormido varias horas más si no fuera por aquel portazo en la entrada principal, que hizo retumbar todo el primer piso, y le obligó a incorporarse, sobresaltado. No le hacía falta preguntar quién era, porque si bien con escuchar los pasos rápidos, apresurados y livianos típicos en una mujer al subir las escaleras le bastaba, llevaba demasiado tiempo en la Puerta de Plata como para no reconocer al instante a cualquiera de sus miembros por el olor. No en vano, todo aquel caserón estaba impregnado del de todos ellos. Dejó escapar un gruñido, que tenía más de lobuno que de humano, cuando se volvió a dejar caer sobre el sillón. Maldita sea. Odiaba las noches de luna llena, y odiaba las mañanas que las proseguían. No le gustaba que nada le controlase, y menos aquella esfera plateada del cielo que parecía que se reía de ellos cada vez que sucumbían ante ella como meras marionetas. Se sentía totalmente opuesto a sus transformaciones habituales. Cuando lo hacía por  propia voluntad... Era libre, poderoso, capaz de comerse al mundo y a unos cuantos de camino.

Amund se dignó a levantarse con un nuevo gruñido, mientras arrastraba los pies hasta la cocina y se hacía con un pedazo de pan y algo de queso, sin calentarse la cabeza en buscar algo más elaborado, y volvía al salón con su botín, volviendo a sentarse en el elegante sofá que presidía aquella sala. Hasta que no se sentó, como nos suele ocurrir a todos, no se paró a pensar que un buen té acompañaría divinamente a aquel intento de desayuno a deshoras. Desechó la idea. Ni el té más delicioso del mundo valdría el tener que volver a levantarse y mover el culo hasta la cocina nuevamente.

En esto estaba cuando apareció Mia, aparentemente más calmada y sin dar más portazos. A buenas horas mangas verdes, que a él ya le habían despertado. Le saludó con un movimiento de cabeza, justo cuando daba un mordisco a su rebanada de pan—. Buenos días, florecilla— saludó con tono sarcástico, sabiendo que ni eran buenos, ni ella una florecilla. Pero no podía evitarlo, Mia le causaba algo de ternura y quizá sería porque era menor que él, pero no tanto, y la veía con ojos de hermano mayor de vez en cuando. Masticó y tragó (vale, los modales no eran lo suyo, y no veía tan ofensivo eso de hablar con la boca llena) antes de continuar—. Es temprano para tener una cara tan larga, o a lo mejor la tienes precisamente por eso...— indirecta directa de "te odio un poco por haberme despertado". Sin embargo, no pudo evitar añadir—. Dime a quien hay que meterle un buen susto— alias paliza—, que yo lo hago encantado— prácticamente bromeaba (que una pequeña parte de él no, pero nunca había sido un tipo demasiado violento), pero la voz ronca después de una noche de luna llena le conferían un toque más amenazador del habitual. Sin embargo, quitó hierro al asunto marcándose una sonrisa encantadora, pensando si hacía que Mia estuviese de un humor lo suficientemente bueno, a lo mejor podía convencerla de que le preparase ella el té.
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Rol Privado Re: Una mañana horrible [Puerta de la Plata]

Mensaje por Ahren von Kleist el Lun Oct 05, 2015 11:27 am

Pudo oír el golpe desde sus dependencias. Había ido a darse una ducha después de la charla con aquella mujer. Era una costumbre que había arraigado en el ejército de Prusia y que, desde entonces, no había abandonado. No se lavaba todos los días, ni que estuviese enfermo, pero sí que se lavaba más que la media. Quizás eso le hacía parecer débil, pero cualquiera que le conocía era bien consciente de su fuerza, y los que más tiempo llevaban con él le habían visto rebanar la carne de sus enemigos con sus manos, al igual que él había visto a sus hermanos hacer lo mismo. Quizás por eso el hecho de mantener aquellas costumbres higiénicas no le suponía ningún problema. Y quizás también influía la tendencia higienista de los socialistas de Inglaterra. Eran varios los motivos que le habían llevado a comportarse de tal modo.

Habían cerrado la puerta de entrada de golpe. Escuchó lo que pasaba con atención mientras se abrochaba la camisa del traje que llevaría aquella mañana. Había sido el primero en levantarse después de la luna llena, y ya había tenido un potente ataque de ira. No quería que eso volviese a pasar por lo menos en varios días. Así que dejó pasar varios minutos antes de decidirse a salir de sus aposentos. Lo hizo una vez completamente vestido y con un periódico bajo el brazo. No lo había leído, pero lo leería más tarde. No es que le diese importancia a las noticias de los humanos, pero debía estar informado cada vez que salía de la hacienda a realizar cualquier tipo de reunión social.

Inspiró tratando de captar los olores de aquellos que estaban en el salón, y captó dos, concretamente. El de Mia y el de Amund. El primero le suscitó demasiadas cosas para ser expresadas con claridad, aunque en su cabeza todo se reducía a la pena. Era sin duda alguna una de sus favoritas, sin embargo, el futuro le había llevado a mantener una actitud de lo más desagradable con ella. No le gustaba que fuese así, pero aquello que hacía, que a menudo trataba como un tabú, lo hacía por el bien de la manada. Y ella debía de saberlo, pues no había proferido ninguna queja ni a él ni al Concilio. La admiraba.

Por otro lado, estaba Amund. Él era… digamos que era el lobo negro de la manada. Se fiaba de él, por supuesto, al igual que se fiaba de cada uno de sus hermanos, sin embargo, había algo en él que no le gustaba. Era distraído e inconsciente y en demasiadas ocasiones parecía interesarle más el vino que la vida… Pero eso era algo que Ahren no acababa de creerse. En los años que había vivido con él había descubierto que Amund era también reflexivo y muy inteligente. Le hubiese contado como un sub-alfa si no hubiese tenido a Adler a su lado… Sin embargo, había cosas en él que le hacían desconfiar.

Bajó hasta el salón y se sentó en uno de los sofás con un aire regio y magnánimo, aunque no le costó poner una sonrisa familiar cuando les saludó. Realmente era una sonrisa sentida y no fingida. — Buenos días— dijo con tono desenfadado. Su voz ya había recuperado el tono natural de los días de diario, de hecho, si no fuese porque todos le habían visto transformarse aquella noche, probablemente dudarían que se hubiese transformado—. ¿Qué tal os encontráis?— esa era una pregunta ritual. ¿Cuánto les había afectado la luna esa noche? ¿Hasta qué punto habían sucumbido? ¿Habían sido capaces de negarse, aunque fuese un instante? Todos los triunfos de cada individuo serían los triunfos de la manada al completo—.
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Rol Privado Re: Una mañana horrible [Puerta de la Plata]

Mensaje por Adler Von Kleist el Mar Oct 06, 2015 7:24 pm

El mal despertar después de una noche en la cual se había transformado en Licántropo era muy común en Adler Von Kleist, mas si con los primeros rayos del sol un enorme golpe producido en el piso de abajo se escuchó por toda la casa, tirando un cuadro de la habitación del noble. Casi peor que levantarse al día siguiente después de pegarte la cogorza de tu vida.—Joder, de buena mañana dando portazos, casa de locos—Se estiró en la cama y se llevó las manos al rostro, dejando que sus ojos se acostumbrasen a la luz del sol y su cuerpo, humano de nuevo, se adaptase a su condición.
Todavía tenia las marcas de las cadenas en sus muñecas, debido a la fiereza que procesaba al tomar forma lupus.
A Adler le costaba controlarse en forma de licantropo, y esto era algo que Ahren lo sabia a ciencia cierta, ya pues, el menor de los Kleist se emocionaba demasiado, llevando miles de pensamientos a las mentes de sus camaradas. Por otra parte, después de su hermano nadie se atrevía a cuestionarle nada, era sumamente poderoso y su condición física era envidiable, era literalmente un portento. No en vano se encargaba de entrenar y enseñar el arte de la guerra a la mayoría de los recién llegados. Y cabe decir que lo hacia con gran dedicacion, para Von Kleist, el poder enseñar a ser parte de la manada era esencial, y como no, el de respectar la Doctrina, el se encargó de elaborarla junto a su hermano, por lo tanto conocía muy bien las premisas y los puntos que se mencionaban, y castigaba severamente si se incumplían

Encima de su mesilla de noche y reluciendo debido a los rayos de sol, brillaba una botella de Whisky. Se levantó y le pegó un buen trago, no existía mejor despertar que el beberse de golpe un buen trago, nada le sentaba mejor en el mundo.
Se puso por encima una camisa blanca, dejando al descubierto una parte de su torso fibrado y se colocó unos pantalones ajustados, de color negro.
Bajó al piso donde ya estaban reunidos tres miembros de la manada entre ellos su hermano —Resacosos días— Dijo haciendo el graciosillo, pero le echó una mirada inquisitiva a Amund, era su "hermano" lobuno, pero tal como su Ahren, ambos tenían sus serias dudas sobre este tipo.

Se apoyó en una de las paredes de la estancia, esperando a que los mas jóvenes explicasen su sentimiento tras haberse transformado. Era parte de su entrenamiento, y tanto a Mia como a Amund, les faltaba mucho para ser un licantropo bien preparado para acompañarle en sus misiones.
Revolviéndose el cabello y olfateando algo que podria catalogarse como "comida" sintió que su estomago comenzaba a rugir, la bestia que habitaba en su interior sin duda estaba hambrienta.
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Rol Privado Re: Una mañana horrible [Puerta de la Plata]

Mensaje por Mia Marlowe el Miér Oct 07, 2015 3:41 pm

Amund ya estaba ahí cuando llegó y a juzgar por su aspecto y por como devoraba con voracidad el queso y el pan que llevaba en las manos, probablemente acabara de despertarse. Es más, probablemente acabara de despertarse a causa de su portazo. Una parte de ella se sintió culpable pero aún estaba demasiado enfadada como para realmente preocuparse por haber despertado a nadie. Ya sentiría remordimientos de conciencia cuando se le hubiera pasado el cabreo.

-Días más bien. Porque buenos lo que se dice buenos...-ignoró lo de florecilla sabiendo que se lo decía sólo para picarla y de forma cariñosa y se dejó caer a su lado en el sofá, subiendo las rodillas hasta el pecho para abrazárselas después-creo que el susto ya se lo he pegado yo-masculló entre dientes pero le contó lo que había pasado, necesitaba sacárselo del sistema como si fuera un veneno-¿te acuerdas que había mirado trabajo en unas librerías? Bueno pues ha sido... un desastre. Ninguno me quiere porque soy mujer. ¡Como si mi sexo tuviera algo que ver con leer títulos y colocarlos en sus respectivas estanterías! Es más, seguro que he leído más libros que cualquiera de sus ayudantes-bufó cruzándose de brazos aún enfurruñada aunque el apoyo de Amund era de agradecer. Sabía que si le pedía que la acompañara a darle una paliza al idiota de turno iría con ella y la idea de tener apoyo la reconfortaba-y el último se ha pensado que era una prostituta. Pero he corregido su error rápidamente... le he doblado la cara de un guantazo. Seguro que así aprende la lección-miró al otro licántropo y sonrió de oreja a oreja, muy orgullosa de su actuación ahora que podía pensar con más claridad. Era el doble de satisfactorio pensar que por su naturaleza sobrenatural le habría dolido el doble.

En ese momento entró Ahren en la habitación y le devolvió el saludo de forma cordial. Es verdad que una parte de ella le odiaba por lo que le obligaba a hacer. Pero no podía olvidar que todo lo que tenía se lo había dado él, desde el techo que la protegía de la lluvia hasta la misma ropa que llevaba puesta y como mínimo le debía una sonrisa por la mañana. No había terminado de llegar un hermano cuando bajó el otro, bastante menos despejado que el primero y saludando con su tono socarrón de siempre. A la pregunta del mayor de los von Kleist negó con la cabeza.

-Bien... pero sigo sin recordar nada. No creo que haya tenido el control en ningún momento de la noche-a diferencia de ellos, que a veces se podían resistir, si bien momentáneamente, al influjo de la luna para ella era imposible por ahora. Todo lo que recordaba era perder el aliento de golpe como si le hubieran golpeado el pecho, seguido de un dolor intenso por todo el cuerpo en el momento en el que había salido la luna. Y después nada hasta la mañana siguiente que despertaba con las muñecas encadenadas. En los mejores días podía recordar algunas cosas, imágenes difuminadas como un sueño visto a través de un cristal translúcido-aunque no me he despertado tan embotada como otros días, me ha costado algo menos levantarme-se encogió de hombros y se levantó del sofá mirando a los tres hombres-voy a hacerme un té y unos sandwiches ¿alguien más quiere?
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Rol Privado Re: Una mañana horrible [Puerta de la Plata]

Mensaje por Amund Ovesen el Vie Oct 09, 2015 8:24 pm

Escuchó a Mia pacientemente, asintiendo cuando tocaba asentir, poniendo cara de sorpresa cuando tocaba, atento mientras mordisqueaba su desayuno tardío distraídamente. Comprendía la indignación de la joven, pero por mucho que hubiese hablado sobre meterle "un susto" al susodicho, bien sabía que aquello no conseguiría que contratasen a Mia. Que lo único que podía hacer era asumir que el orden cósmico era una mierda, y que había cosas de ricos que los pobres nunca podrían ni vislumbrar, y cosas de hombres con las que las mujeres sólo podían fantasear. Que sí, que veía a la chica más capaz que la mayoría de peleles que se toparía en cualquiera de esas tiendas, pero él la conocía, e internamente comprendía un poco las negativas que había recibido sólo por su aspecto. Sin embargo, sí que le cabreaba que le hubiesen confundido con una fulana cualquiera, por lo que celebró el final de la historia con una sonrisa socarrona, mientras le daba un afectuoso golpecillo en el hombro—. Bien hecho— le felicitó.

Justo en ese momento entraron sus dos queridos líderes, el uno detrás del otro, como siempre había sido, pensó para si mismo. Les saludó a los dos con un golpe de cabeza y el final de la sonrisa que acababa de dedicarle a la joven que todavía se sentaba a su lado, masticando el último pedazo de queso. Que qué tal se encontraban, preguntaba Ahren. Bueno, todo lo bien que se podría encontrar alguien que, después de pasar toda la santa noche encadenado en su habitación sin recordar nada más que un dolor intenso inicial y luego oscuridad, se había despertado, intentado volver a su pequeña habitación en Londres, y de puro agotamiento físico y mental no había podido pasar del salón, cayendo rendido en aquel sofá antes de pensárselo dos veces. Sin embargo, no dijo nada de aquello, y lo simplificó con voz ronca y una sonrisa canina—. Como si me hubiese pasado toda la jodida noche en el pub, sólo que la sensación de haberme bebido seis pintas esta vez no me ha costado ni un penique— rió entre dientes ante su comentario, consciente de que era probable que nadie más lo hiciese—. Esta vez me ha costado más levantarme que la última ocasión— se sinceró, sin embargo, después  de que Mia afirmase que para ella el despertar había mejorado—. Por suerte, los cabreos matutinos son perfectos para despejar a uno— respondió como si nada, mientras miraba de reojo a los hermanos, y cabeceaba en dirección a la joven, incitándoles a que se involucrasen en aquello, que seguramente tendrían alguna solución.

Fue entonces cuando Mia se puso en pie, y la mirada de Amund se iluminó ante la mención del té. ¡Y ni siquiera había tenido que pedirlo! Afortunado, eso es lo que era—. Si me traes una taza te adoraré eternamente— exageró, juntando las manos a modo de plegaria, tras lo que se quedaba mirando a los Von Kleist, esperando su respuesta.
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Rol Privado Re: Una mañana horrible [Puerta de la Plata]

Mensaje por Ahren von Kleist el Miér Oct 14, 2015 2:13 pm

Casi inmediatamente después de que entrase Ahren al salón, apareció Adler, con su desinhibido aspecto acostumbrado. La visión de ambos hermanos era radicalmente diferente en casi todos los aspectos. Ya no solo el hecho de que Ahren siempre fuese impecable, o tanto como cabía esperar de él, sino el hecho de su actitud y de su gesto. No me malinterpretéis, Ahren, si bien serio, no portaba un gesto hosco, ni mucho menos. Ni hacia Mia, ni hacia Amund, pese a que los sentimientos hacia este fuesen más tensos que hacia otras personas. Como fuera, se mostraba amable, mucho más amable que con personas externas, sin duda alguna. Sobre todo se mostró amable en el momento en el que el pequeño de los hermanos Ovesen decidió sincerarse.

Al parecer, la noche no había sido tan buena como cabría de esperar. Eso le llamaba la atención. Con el tiempo, Ahren había aprendido que mantener la bestia controlada era una forma espectacular para controlar los despertares de aquellas noches. En general, él era el que mejor se despertaba, seguido, quizás, de su hermano y de su hijo. Siempre había pensado que esto se debía a que eran los que más tiempo llevaban como licántropos y que, por ende, eran los más aptos, que la rabia no les dirigía tanto como a los demás, sin embargo, con el paso del tiempo y la llegada de nuevos miembros, había aprendido que, posiblemente, el control de las emociones tuviese que ver más de lo que podía haber pensado.

Se maldijo a sí mismo. Debería haber contratado a un fisiólogo, o haber encontrado uno que tuviese interés en su maldición, por lo menos, sin embargo, había demasiadas cosas que debía tener en cuenta, como el hecho de mantener una casa como aquella. El dinero no crecía en los árboles y la familia von Kleist estaba perdiendo fortuna prácticamente sin generarla. Precisamente por eso era tan importante que la manada encontrase trabajo y tratase de mantenerse. Quizás, de esa forma podrían mantenerse de mejor manera. Como fuera, ese era un tema que quería tratar primero con Adler y luego con el resto.

En aquel instante, había otros temas a tratar. — No os preocupéis— dijo con tono paternal—. Yo tardé varios años en controlarme aunque solo fuera un instante— era la verdad, y ellos ya lo sabían. La única vez que se había controlado por completo había sido con ellos delante. Una única vez— y, como ya sabéis, es algo que no acabo de lograr ni si quiera a día de hoy— sus palabras sonaban esperanzadas, en cierta medida. Era la esperanza de la ambición, de aquellos que ansiaban algo y que sabían que podían conseguirlo—. De todos modos, está bien que nos sintamos mal. Así recordamos que las noches de Luna Llena no son el frenesí que parecen y que todo pasa factura— él mismo notaba su cuerpo agarrotado, y su instinto clamaba por salir y conducirle al éxtasis de la sangre—.
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Rol Privado Re: Una mañana horrible [Puerta de la Plata]

Mensaje por Adler Von Kleist el Sáb Oct 17, 2015 9:42 am

La pequeña de la manada comentó algo sobre sandwitches y la tripa de Adler Von Kleist volvió a rugir, a veces el hombre se pensaba que su tripa rugía mas fuerte que cuando se transformaba en licantropo, se comenzó a reír para si mismo, al tiempo que observaba bien a los dos jóvenes, eran bastante diferentes, pero a ambos les unía ahora la maldición de la preciosa luna, compartían la misma agonía. Esto era lo que significaba ser hermanos de manada, compartir el mismo dolor y la misma maldicion, el tener que encadenarte las muñecas y los tobillos, porque sabes de sobra que como puedas librarte causaras un dolor terrible, con el paso de los años Adler habia conseguido controlarse, mas o menos, ya que era casi imposible poder hacerlo por completo, entendía perfectamente a los dos benjamines.

Por otra parte, su hermano Ahren estaba como siempre, hecho un pincel. A pesar de que ambos Kleist sabian que sus transformaciones eran realmente pesadas y dolorosas, el hermano mayor de Adler mantenía el tipo, como si nada hubiera pasado la noche anterior, el lo admiraba. Y no era difícil no hacerlo, quizás otra gente de la manada lo admiraba por sus dotes de liderazgo, pero el menor de los Kleist lo admiraba por muchas mas cosas, sabia d sobra lo que su hermano hacia por todos, por el y por su hijo, cargarse en su espalda a toda la manada y encima los problemas de los Kleist era una completa odisea, por eso Adler se juró a si mismo que ayudaría a su hermano en todo lo que estuviera en su mano, por ahora, se dedicaba de asuntos de importante relevancia y de enseñar a pelear a toda la manada, ademas de echarle un ojo al pequeño Alarik. El cual todavía no había hecho su aparición, seguramente seguiría durmiendo.

Adler observó a Mia, la chica era demasiado capaz, ya demostraba que sus aptitudes estaban por encima de la media de la manada, y eso para su edad era formidable.
-No desesperéis, a día de hoy me sigue costando contenerme- Hizo una pausa, para continuar mas relajadamente -La bestia que tenemos en nuestro interior cada vez se hace mas fuerte a medida que vosotros os lo hacéis, nunca olvidéis estas palabras- Su voz era firme, cuando Adler se mostraba tal como ahora se comentaba que infundía respeto, era muy querido en la manada por su dedicación y sinceridad. Se tocó el estomagó, mostrando una sonrisa, y se dirigió a los presentes -No se vosotros, pero algo me dice que si no lleno el estomago podría comerme al rubito- Señalo con la mirada y riéndose a viva voz al menor de los Ovesen- Voy a enseñarte a preparar los mejores sandwiches, Mia- Le dijo a la jovencita, al tiempo que se colocaba a su lado -Es la receta secreta Kleist, estoy seguro que no has oído hablar de ella- La actitud amistosa y jovial de Adler von Kleist era una de las cosas que quizás, lo hacían ser mas humano.
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Rol Privado Re: Una mañana horrible [Puerta de la Plata]

Mensaje por Mia Marlowe el Dom Oct 18, 2015 4:13 pm

Ante las palabras de apoyo del resto de la manada no pudo más que sonreír de forma inconsciente, era esa sensación de pertenencia la que había ansiado toda la vida y ahora que la tenía se sentía como en casa. Cuando Amund habló de su no tan afortunado despertar le dio un apretón cariñoso en el brazo, disculpándose con la mirada esta vez de verdad. Antes había estado demasiado enfadada como para sentirse en falta.

-Puede que yo haya tenido algo que ver con que tu despertar no sea el mejor del mundo... vuestros despertares. Siento lo del portazo pero no me ha ido muy bien esta mañana-se diculpó generalizadamente ya que estaba convencida de que Amund no era el único al que había despertado con el golpe que había dado al entrar en la casa. De hecho miró con especial intención a Adler sabiendo que a él también le habría pillado aún en cama. A Ahren probablemente no, a pesar de que probablemente lo pasaba tan mal como cualquiera de ellos apenas lo mostraba. Era siempre el primero en pie y siempre con esa apariencia tan digna y pulcra que nadie habría dicho que no hacía más que unas horas había sido una bestia sin conciencia alguna-¿habré despertado a Alarik?-se preguntó en voz alta más para sí que para el resto aunque bien sabía ella que su falta de presencia no significaba mucho. Alarik siempre se encerraba en sí mismo después de la Luna Llena durante varias horas.

-Mejor que nadie se coma a nadie-comentó con una risa sin querer que la bromacreara una situación incómoda. Puede que fuera un poco ingenua cuando se trataba de la manada pero sabía perfectamente que la relación entre los hermanos Ovesen y los hermanos von Kleist era cuanto menos tensa y pensaba hacer cuanto estuviera en su mano por evitar que fuera a más-No va a ser suficiente con adorarme, pienso cobrármelo-señaló con el dedo a Amund al amenazarle y se volvió hacia Adler-no sabía que también eras cocinero Adler. Deja que adivine, pan con mantequilla y pepino-adivinó de forma burlona haciendo referencia al que decían que era el sandwich preferido de la reina y se cogió del brazo de Adler para ir con él hasta la cocina.

Normalmente había criados en la cocina pero la mañana después de luna llena la tenían libre casi más por seguridad que por otra cosa, un hombre lobo después de luna llena no era la persona más estable del mundo que digamos. Nada más llegar cogió la tetera y la llenó de agua para ponerla al fuego volviéndose después hacia Adler con una ceja alzada con curiosidad.

-Adelante ¿cuál es la receta secreta de sandwiches von Kleist? Sorpréndeme.
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