B
ienvenidos a Darkness Revival.Estais a punto de adentraros en Londres, año 1890, una época tan peligrosa como atrayente. La alta sociedad se mueve entre bailes oficiales, bodas, cabarets y fumaderos de opio. Las prostitutas y mendigos se ganan como pueden la vida, engañando, robando o estafando. Pero hay algo mucho mas oscuro en las calles de la ciudad del Támesis, más oscuro aún que el terrible Jack. Seres sobrenaturales como brujas, vampiros, metamorfos y malditos se esconden entre los miembros de la sociedad, temerosos de la sangrienta hermandad que les persigue: la Black Dagger Brotherhood. ¿Sobrevivirás? .


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Raiden Scott ID

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Raiden Scott ID

Mensaje por Raiden Scott el Miér Oct 21, 2015 4:53 am



Raiden "Red" Scott
Make peace with God, for you're to die
Licántropos
Clase Baja
29
Heterosexual
Cillian Murphy

Descripción Psicológica

Aunque a ojos de alguien que no lo conoce, Raiden puede parecer un asesino despiadado, frío y brutal, en realidad es un hombre con un fuerte sentido del deber que se ampara en sus ideales, convicciones y forma de ver el mundo para actuar. De hecho, su falta de piedad no implica que se ensañe con sus víctimas -en realidad, son las víctimas de otros, no las suyas-, al contrario; es extremadamente metódico en el ejercicio de sus funciones.

Pese a que es silencioso, hace gala de de un sentido del humor inteligente y mordaz; el sarcasmo es la fachada tras la que oculta lo que realmente siente y opina en una sociedad muy marcada por las convenciones sociales. Pero pese a ese gusto por moverse entre la gente adecuada que tiene la gente de su tiempo, Raiden prefiere la soledad; prefiere trabajar solo, porque así no tendrá ni quien le estorbe ni quien le juzgue.

Entre las cosas que no tolera, está que le falten al respeto, o duden de sus aptitudes. Aunque no lo reconocerá en voz alta, sabe que no es malo en su trabajo y su conciencia está perfectamente tranquila opinen lo que opinen sus clientes. Al fin y al cabo, son ellos los que le encargan matar; son sus víctimas, no las de él.

Historia

Raiden Scott nació en 1861 en un pueblo cercano a Londres. Hijo de cazadores, sus primeros años transcurrieron en un hogar humilde, alejado del trasiego de la gran ciudad; los cambios que prometían el clima político y social de la segunda mitad del XIX se demoraban en llegar hasta allí y, pese al oficio del padre, el dinero que entraba en casa de los Scott era escaso.

Decidieron, cuando el pequeño Raiden tenía siete años, probar su suerte en otros lares; Londres parecía ser perfecto para ello. No estaba demasiado lejos del lugar de donde venían, por lo que podrían regresar si no prosperaban; los Scott empacaron sus escasas pertenencias y, una mañana de mayo, se pusieron en camino.

Pero la desgracia siempre parece cebarse con los que menos tienen; el segundo día de viaje, los Scott acamparon en las inmediaciones del bosque de Oxleas, al sureste de Londres. Catherine, con el pequeño Raiden dormido sobre su hombro desde el final de la tarde, dio gracias al cielo porque la luna llena brillase entre los árboles y les permitiese ver medianamente bien mientras tomaban una escueta cena fría antes de acostarse. Y esos fueron sus últimos pensamientos, porque una manada de lobos se cernió sobre la familia.

Nadie creyó, en aquel convento dejado de la mano de Dios, que aquel niño fuese a despertar; sus heridas eran demasiado graves, su salud no era la mejor, y los medios con los que contaban para sanarlo eran escasos. Además, ¿qué iba a quedarle si sanaba? Los lobos habían acabado con sus padres, y la vida era dura en aquellos tiempos para un pobre huérfano. No habría ningún futuro; no para él. Pero Raiden se aferraba a la vida como un náufrago a una tabla a la deriva y, poco a poco, cuando los días se convirtieron en semanas, comenzó a mejorar.

Cuánto tiempo pasó en ese convento, no lo sabe aún incluso hoy, décadas después. Los monjes lo entregaron a los responsables de un orfanato londinense en cuanto pudo volver a caminar y, pese a que Raiden no recordaba absolutamente nada, salvo el dolor, sabía que algo en él había cambiado.

La vida de Raiden se complicó a partir de entonces. El ataque de los lobos había dejado grandes marcas por todo su cuerpo que nunca desaparecerían; la cicatriz más visible era la de su rostro, la que formaba un ángulo agudo entre la sien derecha y la oreja del mismo lado, pasando muy cerca de su ojo. Las burlas y los comentarios crueles sobre aquello estaban a la orden del día; pero Raiden era fuerte, más que aquellos enclenques, y se defendía con fiereza. Se labró una cierta fama de pequeño buscapleitos, lo que supuso, a la larga, una temprana expulsión del orfanato; el director, compasivo, le dio las señas de una de aquellas nuevas fábricas cuyos humos enturbiaban el aire de la ciudad, pero Raiden nunca llegó a presentarse allí. ¿Para qué? ¿para que el mundo continuase burlándose de él? El único avance sería que le pagarían por cada insulto que recibiese, con suerte.

Tenía casi trece años, y decidió desaparecer. Londres no había resultado ser el lugar donde se cumpliesen sus sueños y se acabasen sus penurias; no. Quizá nunca debían haber abandonado aquel pueblecito de casas destartaladas; quizá habían soñado demasiado a lo grande. ¿Y qué le quedaba de sus padres, salvo el recuerdo? Raiden cruzó de nuevo Oxleas en su regreso a casa, y los periódicos volvieron a hablar de muertes y desapariciones. Él había vuelto a sobrevivir. Él había atacado.

De algún modo, lo había sabido siempre; esa fuerza que tenía, nada propia de su edad, debía tener una explicación. Así mismo, no recordaba haber vuelto a sentir la piel fría, pese a que vistiese harapos en pleno invierno y, desde que lo cuidasen aquellos monjes en esa infancia que parecía tan lejana, apenas sí había vuelto a enfermar. Pero aquella noche, la primera que había pasado en el bosque... sí había enfermado. O había creído hacerlo. O, al menos, había creído que nadie que gozase de buena salud podía sentir un dolor tan atroz.

Cuando despertó de aquella pesadilla, con las ropas desgarradas y un reguero de sangre ajena a su alrededor, apenas sí pudo recordar nada, salvo que no había sido él mismo. El dolor cegaba sus recuerdos y, en cualquier caso, no estaba muy seguro de querer saber qué había pasado exactamente. Raiden regresó a su hogar como bien pudo, deseando que todo aquello no fuese más que un mal sueño y que el mal fario dejase de perseguirlo de una vez por todas. Pero había cambiado, lo sentía; sentía que no era él mismo y, pese a que se negaba a reconocerlo ante sí mismo, había veces que ni siquiera se reconocía en el viejo pedazo de vidrio que hacía las veces de espejo. Había algo diferente, algo salvaje, en esos iris grisáceos. Y ese algo lo asustaba.

Pero los episodios se repitieron, trayendo consigo aquel dolor, sangre, y alguna que otra noticia peculiar en los periódicos que a veces llegaban de la ciudad. Sin embargo, viviendo en soledad, al joven le costó hallar un patrón, una continuidad, entre aquella enfermedad -porque tenía que estar enfermo- y todo lo que pasaba a su alrededor. Y, cuando lo halló, le costó asimilarlo. Le costó no pensar en sí mismo como si fuese un monstruo despreciable, una máquina de matar que no sabía hacer distinciones entre sus presas, durante los años que tardó en aprender a reprimir sus instintos.

Cuando lo hizo, o casi, porque sabe que es una naturaleza que nunca logrará dominar por completo, regresó a Londres, dispuesto a comerse el mundo. Por fin había llegado la hora en la que iba a dejar de ser el desgraciado que había sido toda su vida; era hora de comenzar de cero, y hacerlo bien. ¿Qué sabía hacer mejor? Rastrear, cazar, matar, gracias a sus habilidades sobrenaturales. Se pondría al servicio del mejor postor, y haría el trabajo sucio por ellos de forma metódica, limpia -a no ser que el cliente especificase lo contrario- y profesional previo pago de la mitad de lo acordado.

Siempre ha cumplido con sus encargos. Salvo en una ocasión. No merecía la pena regresar a su cliente con el cadáver de aquella joven; habiéndola estudiado, ella podría ser la solución  para acabar de una vez por todas con la vida miserable que había llevado hasta entonces, y olvidarla para siempre.

Otros Datos

Gustos:
Cinco parte de whisky y una de té es algo perfecto. Si las seis partes son de whisky, es un regalo de los dioses.
Puede que no sea de la clase alta y que por ello su vestuario sea limitado, pero le gusta llevar todo impoluto.
El buen tabaco.
Disgustos:
ODIA las cucharillas de plata.  
Fobias:
-
Enfermedades:
Es alérgico a los gatos.  
Animal (sólo Thyra)
We all have a beast within.



Spoiler:
I'VE CROSSED OCEANS OF TIME


Última edición por Raiden Scott el Vie Oct 23, 2015 7:34 pm, editado 3 veces
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Re: Raiden Scott ID

Mensaje por Princesa Victoria el Miér Oct 21, 2015 7:17 am

Postea a continuación cuando termines la ficha.
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Re: Raiden Scott ID

Mensaje por Raiden Scott el Vie Oct 23, 2015 7:34 pm

Terminé.
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Re: Raiden Scott ID

Mensaje por Princesa Victoria el Vie Oct 23, 2015 7:42 pm



Bienvenido señor Scott, su contratista le espera impaciente
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Re: Raiden Scott ID

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